Acompañamiento y orientación de pareja e individual
Vuelves a casa, a tu cuerpo, a tu pareja
Hace tiempo que las miradas son tibias. ¿Recuerdas esa luz en los ojos de tu pareja? Quizá se ha ido apagando: el cansancio, las prisas, los horarios, dormir poco, comer mal… o un poco de todo.
Todas las grandes historias de amor son, en cierta manera, grises la mayor parte del tiempo. Pero nadie nos enseña a bailar los grises. Nadie nos cuenta que la inmensidad de una historia de amor está tejida de momentos sencillos, cotidianos y, si se ha hecho lo bastante bien, serenos. Hay paz y placer en eso. Puede que os hayáis perdido la pista hace tiempo, o que simplemente os digáis que tenéis poco tiempo para dedicaros.
Cuando empezasteis a salir juntos, ¿imaginabais vuestra historia tal como la vivís ahora? ¿Qué ha pasado por el camino?
No permitáis que la rutina se trague el entusiasmo de estar juntos, ni que los desencuentros que arrastráis desde hace años sigan minando algo por lo que habéis luchado tanto. Una pareja es uno de los mayores regalos que tenemos. ¿Te atreves a seguir luchando por ella? ¿La eliges de nuevo? ¿Sabes qué hacer para elegirla cada día y que se sienta amada?
Quizá hace tiempo que no os sentáis a hablar sin un móvil encima de la mesa, y las conversaciones se han ido quedando en lo práctico: los horarios, las compras, lo que falta en la nevera. Les pasa a casi todas las parejas, y tiene arreglo. Lo que un día os hizo elegiros sigue ahí, más callado, esperando a que le volváis a hacer sitio. Os acompaño a encontrarlo y a cuidarlo, para que vuelva a ser lo primero y deje de ser lo que queda cuando sobra un rato.
En la vida de uno
Si no estás ordenado por dentro y por fuera, es muy difícil que las cosas vayan bien a medio y largo plazo. Quizá sabes qué es lo que no funciona, o quizá no. Pero casi seguro que no tienes muy claro cómo cambiarlo; si no, ya lo habrías hecho.
A veces cargamos con demasiadas historias, durante demasiado tiempo y sin nadie con quien compartir el peso. Puedo ayudarte a soltar el exceso de equipaje con el que viajas y a volver a un orden natural que te devuelva primero la paz y después la alegría. O que, al menos, disminuya la confusión que suele acompañar a una vida desordenada. Las prioridades a veces están claras y a veces no. Te ayudo con eso, y verás cómo lo demás llega más suave y se va colocando poco a poco.
II
La mirada
Miro a la persona entera, nunca por partes. Soy poco amiga de las fórmulas universales y muy amiga de la humanidad: de las historias que hemos vivido y, sobre todo, de las que nos quedan por vivir, que son la gasolina del presente.
Todo eso pasa, además, dentro de tu cuerpo. Un cuerpo que late, que respira, que se tensa antes de tiempo, que tiembla, que a veces se bloquea. Quizá te dices que no puedes hacer una cosa u otra, y no es que no puedas: es que llevas demasiada tensión acumulada durante demasiado tiempo, demasiados silencios atravesados que no has podido explicar a nadie. Todo eso crea patrones que nos ponen en alerta ante lo malo y también ante lo bueno, porque a veces nuestro sistema aprende a defenderse de todo lo nuevo, aunque sea bueno. Se puede recuperar la ternura por ti, por tu cuerpo, por tu vida. Volver a vibrar, a sentir placer y ganas.
Me interesa tu historia, la que hace que tú seas tú y no otra persona. La que te conforma y, de alguna manera, te abriga, o te desabriga y te deja a la intemperie, con la sensación de no tener recursos para lo que trae cada día. A veces arrastramos desarraigos de la propia historia familiar, peleas, cosas que no hemos escogido pero que están ahí. Necesitamos mirarlas acompañados, de la mano, para poder ordenarlas, soltarlas o abrazarlas, y reencontrarnos con quienes somos desde otra altura y otra perspectiva.
Las historias que hemos vivido y las que queremos vivir no dicen solo quiénes hemos sido. Dicen también qué hemos querido, qué nos ha importado, qué dejamos por el camino y queremos recuperar, qué no hemos hablado y queremos construir. Siempre con el otro, porque solos estamos incompletos.
Y tengo vocación por lo sencillo, por lo cotidiano, por las pequeñas cosas que hacen la vida bonita y clara y nos tejen por dentro: los libros, la naturaleza, los días corrientes en los que tomamos a alguien de la mano o hacemos esa llamada pendiente. Ahí pasan todas las cosas que de verdad importan.
III
Una lectura para empezar juntos
Hay conversaciones que no caben entre semana, entre la lavadora y el último correo del día. Esta es una de ellas. Buscad un rato sin reloj, quizá un domingo por la mañana, con algo caliente entre las manos, y sentaos uno al lado del otro a responder siete preguntas sobre vuestra vida corriente: cómo se despiertan vuestros días, qué ocurre alrededor de la mesa, qué hacéis con los silencios.
Nadie la corrige ni la puntúa. Sirve de excusa para miraros con atención, para descubrir en qué coincidís y en qué no, y para escuchar cómo nombra el otro lo que los dos estáis viviendo. A veces basta una pregunta bien hecha para que aparezca, después de mucho tiempo, una conversación de las que dejan huella.
Al final os espera una carta mía, pensada para la estación que estáis atravesando, con una lectura que os acompañe y un gesto pequeño para esta misma semana. Y si ahora lo que toca es hacerla a solas, también está escrita para ti.
Es una lectura orientativa: no es un diagnóstico ni sustituye a una atención profesional. Vuestras respuestas no salen del navegador y no se guardan. Solo si pedís la carta por correo se envían la dirección y el nombre de vuestra estación, para poder mandárosla.
Una lectura
Un gesto para esta semana
Si te apetece seguir, puedes recibir mi carta de vez en cuando o escribirme para que lo hablemos.
Elisabet
Guarda tu carta
Para que no se quede en la pantalla: te la envío a tu correo, o puedes imprimirla y dejarla a mano, en la mesilla o en la puerta de la nevera.
Esto es una lectura orientativa, no un diagnóstico, y no sustituye a una atención profesional.
IV
Acompañamiento
De pareja
Cuando una pareja cruza la puerta, casi siempre trae una misma historia contada a dos voces que no terminan de coincidir. Yo no estoy ahí para decidir quién tiene razón. Me siento con los dos, escucho las dos versiones y, sobre todo, escucho lo que pasa entre vosotros mientras habláis: quién baja la mirada, en qué frase se endurece la voz, cuándo asoma, casi sin querer, una sonrisa de las de antes.
Desde ahí vamos desenredando el hilo. De dónde vienen esas discusiones que vuelven una y otra vez como un disco rayado, qué heridas antiguas se despiertan en cada una, qué necesita cada uno para sentirse querido a su manera. Y buscamos, con la misma seriedad, lo que sigue vivo: la complicidad que se quedó dormida, el humor, la ternura de los primeros años, que rara vez desaparecen del todo.
El trabajo no se queda en la sesión. Os llevaréis a casa gestos concretos para la mesa, para la hora de acostaros, para el domingo por la tarde, porque es en esos lugares tan corrientes donde una pareja vuelve, día a día, a elegirse.
* * *
Individual
Hay momentos en que la vida pide detenerse y mirar el mapa. Una etapa que se cierra y otra que no termina de abrirse, un cansancio que ya no se cura con vacaciones, o esa sensación difusa de vivir en piloto automático, cumpliendo con todo y sin habitar nada.
Cuando vienes a solas, empezamos por lo más cercano: tu cuerpo, tus noches, tu manera de comer y de moverte, los lugares donde se te acumula la tensión. Parece poca cosa, y es el suelo sobre el que se levanta todo lo demás. Después, con calma y sin juicio, entramos en tu historia: lo que recibiste, lo que te faltó, lo que aprendiste a callar para salir adelante y quizá ya no necesitas seguir callando.
Poco a poco vuelve el orden, y con el orden llegan cosas que parecían lejanas: dormir en paz, decir que no sin culpa, disfrutar de una tarde sin mirar el reloj. A veces alguien viene a solas y, con el tiempo, invita a su pareja a sumarse. Otras veces ocurre al revés. Las dos puertas están siempre abiertas.
Dónde
En persona, en la Garrotxa (Girona), cerca de Olot, y en línea por videollamada, estés donde estés.
Idiomas
Castellano y catalán.
Sesiones
De 75 minutos, con tiempo para llegar, hablar sin prisa y salir con algo concreto entre las manos.
Ritmo
Lo decidimos juntos, según el momento que estéis viviendo.
V
Textos y obras
Para mí, escribir es otra manera de acompañar. Creo que la belleza cura el alma y que hay cosas que solo se entienden leyendo despacio, en voz alta o con alguien al lado. De esa convicción nacen estos trabajos.
Una carta que llega de vez en cuando, sin prisa y sin estridencias. Dentro encontrarás lecturas que me han acompañado, ideas para pensar a dos y gestos sencillos para cuidar tu casa, tu cuerpo y tu pareja entre semana.
Conversaciones pausadas sobre el amor, el cuerpo y la vida corriente. Muy pronto.
Libros
Ya publicado, con el sello MarzoBlanco: Regazo, silencio y cuerpo, un material para parejas pensado para leeros el uno al otro en voz alta, despacio, dejando que las palabras hagan su trabajo entre los dos.
Y varios libros más en camino, escritos desde la misma idea de fondo: que lo cotidiano, bien mirado, es el lugar donde se juega casi todo.
VI
Sobre mí
Soy Elisabet, esposa y madre de Roger y de Alba. Llevo dieciocho años acompañando a personas y a parejas, y en este tiempo he aprendido a desconfiar de las recetas y a confiar mucho en las personas. Mi formación integra la psicoterapia breve, el trabajo somático y el trabajo con la historia familiar: maneras distintas de escuchar que, juntas, permiten atender a la vez lo que se dice, lo que el cuerpo guarda y lo que viene de lejos.
Todo ello lo pongo al servicio de la orientación: una mirada que se detiene en todo lo bueno que hay en ti, que es muchísimo, y que desde ahí te ayuda a entenderte y a seguir formándote como persona y como pareja.
También tengo experiencia en dirección estratégica de proyectos. De ese mundo me traje algo que hoy me resulta precioso: la costumbre de mirar un sistema complejo en su conjunto antes de tocar ninguna pieza y de buscar un orden que se sostenga en el tiempo. Una pareja, una casa, una vida son sistemas así de delicados.
Y mi casa sigue siendo, cada día, mi mejor escuela. Ahí compruebo que el amor se cuida con cosas pequeñas y que nadie lo hace a la perfección.
VII
Escríbeme
Si has leído hasta aquí, algo de todo esto te ha tocado. Quizá todavía no sabes muy bien qué pedir, y está bien así: no hace falta traer las palabras ordenadas. Escríbeme como te salga, con lo que tengas ahora mismo. Leo cada mensaje con calma y respondo yo, personalmente.
Si eres profesional de la psicología o de la medicina, formas parte de una institución o de un centro, o preparas un contenido para un medio de comunicación, también me encantará leerte. Colaboro con gusto cuando hay una mirada compartida.